Equipo directivo, docente y horarios de tutoría

Equipo Directivo:
Directora: Lucina de Córdoba González.
Jefe de Estudios: Abelardo Romero.
Secretaria: Carolina Faulí Navarro.
Equipo Docente
Infantil 3 años: Pilar Arnau
Infantil 4 años: Mª José Corberán
Infantil 5 años: Yesica Perelló
Apoyo de infantiL: Antonía de los Riscos
1º A de Primaría: Pilar Usach
1º B de Primaría: Vicente Martínez
2º de Primaría: Verónica Mejía
3º de Primaría: Cecilia Silvestre
4º de Primaría: María García
5º de Primaría: Sonia García
6º de Primaría: Raquel Gallardo
Especialistas:
– PEDAGOGÍA TERAPÉUTICA: ROSANA ZARAGOZÁ
– INGLÉS: ABELARDO ROMERO
– MÚSICA: MARÍA GARCÍA
– RELIGIÓN: NIEVES ALCONCHEL
– EDUCACIÓN FÍSICA: CAROLINA FAULÍ

– EDUCADORA DE EDUCACIÓN ESPECIAL: NOELIA CULLA

La tutoría de todos los maestros es los jueves a las 13.00h.

 

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El Parlamento Europeo investigará qué se hizo con las ayudas de 650 millones para construir centros públicos en Valencia

FAPA denunció el retraso de las obras de construcción y rehabilitación y pidió saber dónde está el dinero de los planes Creaescola

La Federación de Asociaciones de Padres de Alumnos de Valencia (FAPA-València) ha informado hoy de que el Parlamento Europeo investigará el uso de los 650 millones de euros que el Banco Europeo de Inversiones destinó a la creación de centros públicos en la provincia de Valencia, ante el retraso de las obras.

Según informa FAPA-València en un comunicado, la petición fue presentada por la federación hace dos años ante el comité de peticiones del Parlamento Europeo, con el fin de conocer el destino de las ayudas que el Banco Europeo aprobó para la construcción y rehabilitación de centro públicos.

Esta iniciativa, añaden, se insertó en las “acciones extrajudiciales y judiciales” que desde los servicios jurídicos de la federación se pusieron en marcha para dar respuesta a la problemática denunciada por las Ampas ante las deficiencias de infraestructuras y barracones en los centros públicos de la provincia de Valencia.

“Ni sabíamos ni sabemos donde está el dinero para la educación pública de nuestros hijos”, ha manifestado la presidenta de FAPA-València, Eva Grimaltos, quien señala que ante la “falta de responsabilidad” de la Conselleria de Educación acudieron al Parlamento Europeo para que investigue el destino de las ayudas.

Esta institución europeo, ha indicado Grimaltos, “ha admitido a trámite” la petición de la federación valenciana que espera que esta acción determine dónde está el dinero de los planes Creaescola, que el Banco Europeo de Inversiones destinó a la construcción de centros en la Comunitat Valenciana.

Vía: Las Provincias

Los escolares de 14 años pueden hacer huelga sin permiso de sus padres

El Supremo tumba un decreto del Consell que exigía a los alumnos autorización paterna para ausencias colectivas de clase

Si cualquier alumno de la Comunitat a partir de tercero de ESO quiere ausentarse de clase como medida de protesta (huelga) ya no necesitará el permiso paterno. Bastará con que la medida esté «avalada» por más de 20 escolares y que sea comunicada previamente al centro escolar. Pero nada de la necesidad de autorización paterna. Este último extremo es el que ha confirmado una sentencia dictada por el Tribunal Supremo, que anula un decreto de la Conselleria de Educación que así lo fijaba. La resolución -que confirma una previa del Tribunal Superior de Justicia- desestima un recurso presentado por la Generalitat contra el anterior fallo, al que se llegó tras la demanda de la confederación de padres y alumnos mayoritaria en la Comunitat, la Gonzalo Anaya.

La resolución, que es firme y contra la que no cabe recurso, establece de esta manera que los alumnos a partir de 14 años podrán ejercer la «decisión colectiva de inasistencia a clase como señal de protesta» sin que los progenitores deban dar su visto bueno.

Educación acata la sentencia pero la ve «sin sentido común»

El motivo del enfrentamiento entre la Conselleria de Educación y la Gonzalo Anaya surgió cuando la Administración autonómica hizo un añadido, mediante un decreto, a las normas que rigen en los colegios fijadas por la LODE, la Ley Orgánica del Derecho a la Educación. Esta señala que las decisiones colectivas que adopten los alumnos «a partir del tercer curso de l a educación secundaria obligatoria, con respecto a la asistencia a clase, no tendrán la consideración de faltas de conducta ni serán objeto de sanción, cuando éstas hayan sido resultado del ejercicio del derecho de reunión y sean comunicadas previamente a la dirección del centro».

El único requisito fijado de esta manera por la ley era el aviso al centro de la ausencia del horario lectivo. En otro punto, la norma fija que la medida debe estar respaldada por al menos 20 alumnos.

Pero la conselleria, en un decreto lanzado en 2008 sobre «convivencia en los centros docentes no universitarios», añadió otro requisito: que los alumnos dispongan para ello «de la correspondiente autorización de sus padres, madres o tutores, en el caso de que los alumnos sean menores de edad». Y este fue el artículo que encendió la mecha de la polémica con las asociaciones de padres, que recurrieron el decreto y obtuvieron la razón del Tribunal Superior de Justicia. El Supremo rechaza ahora el recurso presentado por el abogado de la Generalitat y da por buena la resolución judicial previa.

Laguna en responsabilidad
La sentencia señala que la ley educativa «reconoce un derecho a los alumnos» y este no puede supeditarse «a ninguna autorización previa». Como subraya el máximo tribunal, someterlo a este requisito supone desnaturalizar la potestad de los escolares a reunirse y a protestar, pues «el ejercicio del derecho ya no depende únicamente de la voluntad de su titular, sino también de la voluntad de la persona llamada a dar la autorización».

El Supremo hace una apostilla: «Cualquiera que sea la valoración que a cada uno le merezca que no sea exigible la autorización de los padres, es incuestionable que ésa fue la opción del legislador y a ella ha de estarse».

La sentencia no deja claro un extremo, algo que un portavoz de Educación califica de «laguna». ¿Quién es responsable de los actos cometidos por los menores durante su tiempo de no asistencia a clase? ¿Los padres o el centro escolar? La resolución del Supremo señala que esta cuestión se encuadra en las «reglas generales en materia de responsabilidad extracontractual», reguladas por el Código Civil. Y remite al artículo 1.903. Pero poco se aclara aquí de la situación de huelga de los adolescentes, al responsabilida esta norma a los padres «de los hijos que se encuentren bajo su guarda» y a los colegios «por los daños y perjuicios que causen sus alumnos menores de edad durante los períodos de tiempo en que los mismos se hallen bajo el control o vigilancia del profesorado del centro».

Hacer muchos deberes en casa no garantiza las buenas notas

Noticia Publica en el diario Las Provincias:

«Lo ideal es que a cada alumno se le asignen tareas en función de sus necesidades», opinan los educadores.

Hay padres que con solo oír la palabra deberes se ponen en guardia. Las tareas que sus hijos traen a casa representan para ellos un quebradero de cabeza, bien sea porque deben dedicar un tiempo que muchas veces no tienen a echarles una mano, bien porque les toca hacer de policías para que el chaval cumpla y no se distraiga en otros menesteres. Hay también otra variable más complicada y más difícil de admitir que se produce cuando los progenitores no pueden ayudar a su hijo porque los trabajos escolares desbordan sus saberes.

Sea por una u otra razón, el de los deberes es uno de los debates recurrentes en el ámbito de la educación. Los encargados del informe Pisa, el que evalúa los conocimientos de escolares de diferentes países desarrollados, lo han vuelto a poner de actualidad al sacar a la luz un apéndice que describe el tiempo medio que un alumno de 15 años dedica a realizar las tareas que le encargan sus profesores. Es un dosier de apenas ocho páginas que recoge datos que fueron recopilados en 2012 y que hace hincapié en el riesgo de que los deberes acentúen las diferencias entre los alumnos.

El estudio concluye que emplear más de cuatro horas a la semana en hacer las tareas escolares es ineficaz y apenas tiene efectos positivos en los resultados finales. La media de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) está en las cinco horas semanales. En España, que no suele quedar muy bien parada en las evaluaciones de Pisa, el alumno suele dedicar una media de 6,5 horas a la semana a los deberes, más del doble de lo que sucede en Finlandia o Corea del Sur, dos de los países que mejores resultados suelen obtener en los informes sobre conocimientos académicos. Los escolares de Shangai se van hasta las catorce horas mientras que en Rusia, Irlanda o Italia la media sobrepasa las siete horas.

A los responsables de Pisa, sin embargo, les preocupa menos el tiempo que se dedica a los deberes que las diferencias que pueden generar entre los propios alumnos. “Titulan el estudio con la palabra ‘desigualdad’, así que eso ya da una idea de por dónde van sus inquietudes», observa Ángel Sobrino, vicedecano de la Facultad de Educación de la Universidad de Navarra (UN). «La tesis de fondo -añade el educador- es que los deberes hacen que los buenos alumnos se vuelvan aún mejores y los malos, aún peores”.

Prohibidos en Primaria

El planteamiento de los teóricos de Pisa no representa ninguna novedad. A nadie se le escapa que los escolares procedentes de familias acomodadas tienen más facilidades a la hora de realizar su trabajo que los que arrastran dificultades económicas. “Los de entornos favorables -reflexiona Sobrino- suelen tener el apoyo de los padres, la posibilidad de recurrir a clases particulares y lugares de trabajo adecuados con acceso a internet. En cambio, los que no tienen esa fortuna y encima no van bien en clase carecen a menudo del respaldo paterno y muchos veces ni siquiera tienen un sitio de trabajo en su casa. Para estos últimos los deberes pueden resultar contraproducentes porque al no hacerlos o hacerlos mal, el profesor les estigmatiza y eso les deja más al margen”.

El estudio de Pisa profundiza en esa dirección al subrayar que los alumnos de entornos socio-económicos favorables estudian en casa de media 1,6 horas más por semana que los de procedencia más humilde. Poniendo la lupa en un solo país, en Francia un alumno acomodado invierte 6,2 horas a la semana haciendo deberes mientras que el de familia modesta se conforma con cuatro horas. El informe alimenta un debate que viene de lejos y que está en el origen de algunas normas que prohíben incluso encargar tareas escolares a los niños. En Francia, por ejemplo, una ley de 1956 veta expresamente los deberes en los alumnos de Primaria con el argumento de que contribuyen a perpetuar las desigualdades sociales. Los socialistas españoles aplicaron una norma similar en la etapa de José María Maravall al frente de Educación aunque en ninguno de los dos países la prohibición ha llegado en la práctica a prosperar.

“Los deberes son convenientes en la medida en que representan un entrenamiento de la fuerza de voluntad”, se posiciona el psicopedagogo Joan Vaello, que tiene una dilatada carrera en el mundo educativo y es autor de libros como ‘Las habilidades sociales en el aula’ o ‘Cómo dar clase a los que no quieren’. “En sociedades como la nuestra donde hay mucha permisividad y se puede conseguir casi todo con poco esfuerzo, me parece bien que desde pequeños los alumnos se vayan acostumbrando a trabajar”. La reivindicación del esfuerzo que postula Vaello va más allá de lo estrictamente académico: “Hay que conseguir que adopten unos hábitos de autodisciplina, que se hagan la cama o dejen ordenados los zapatos, que ellos mismos asuman tareas sin tener que estar supervisándoles permanentemente para que hagan algo”.

Al veterano educador el debate sobre las horas a invertir en la realización de los deberes le parece secundario en la medida en que cada alumno tiene sus propios tiempos de aprendizaje. “Lo realmente importante es aprender a organizar el tiempo libre intercalando las actividades placenteras y las que requieren esfuerzo. Hay tiempo para todo si uno sabe organizarse, pero para eso se necesita una autodisciplina que hay que ejercitar desde pequeño. El papel de los deberes es precisamente ese, entrenar el hábito de un trabajo que hay que realizar de forma autónoma y sin supervisión”.

El vicedecano de la Facultad de Educación de la UN reconoce que un asunto tan complejo no tiene respuestas cerradas: “Es evidente que hay una relación directa entre tiempo de estudio y rendimiento académico, esa es una ley universal que nadie cuestiona, pero las reflexiones que hacen los expertos de Pisa sobre la desigualdad no pueden caer en saco roto. Lo ideal sería que a cada alumno se le asignasen tareas en función de sus necesidades, pero eso es algo que en nuestro sistema educativo no tiene cabida porque los profesores suelen estar desbordados”.

Como en educación está ya todo inventado y los ciclos hacen que las modas vayan y vengan, ahora empieza a ser común que algunos maestros recuperen una vieja idea que consiste en recomendar a los alumnos la preparación del temario de la clase antes de impartirla. “Internet -expone Sobrino- ofrece la posibilidad de repasar la materia que se va a tratar en el aula por medio de vídeos y otros materiales, así que los chavales tienen que preparar de antemano la clase en casa”. Es lo que en inglés se ha denominado ‘flipped class-room’, que vendría a ser algo así como el aula invertida, un modelo muy atractivo sobre el papel pero difícil de aplicar en el día a día académico. “La aspiración de todo profesor es que la clase se convierta en un foro de diálogo donde todo el mundo tiene la palabra y cada cual expone su punto de vista sobre lo que se está estudiando, pero en la práctica eso es irrealizable”, modula el educador, que recuerda que lograr que los alumnos más difíciles asuman un compromiso así es poco menos que una utopía. “En escolares que tienen que desenvolverse en entornos complicados eso es ciencia ficción porque no hay motivación, ni interés y muy probablemente ni tan siquiera la posibilidad de tener acceso a internet”.

El informe de los especialistas de Pisa deja por tanto el asunto de los deberes allá donde estaba, es decir, en el resbaladizo terreno de las cosas que deberían gobernarse por el sentido común. Si la experiencia nos enseña que sobrecargar a los chavales de tareas mecánicas y repetitivas resulta poco provechoso para su evolución, también nos dice que forjar hábitos de esfuerzo y disciplina es del todo imprescindible. En definitiva, deberes, los justos